Calor en invierno.
Las montañas nunca han sido los mejores lugares para vivir, sobre todo, cuando el frío invade el patio de las casas y la nieve las cubre de un manto fino, los arboles se convierten en un segundo cielo para la nieve, donde la comida es dura e insípida, donde los ángeles se quedan grabados en el suelo, el lugar donde lobos y dragones asechan a la helada y oscura noche, donde los arboles caen por hacha para alimentar la llama que mantiene viva el alma. El cielo se enciende con fuegos morados, verdes y azules. El lugar donde puede haber amistades prohibidas, pero tan verdaderas y únicas como el sol. Por estas y muchas otras razones la mayoría de la gente prefiere lugares un poco más agradables, donde, por decirlo así, la vida puede ser más cómoda y fácil. Sin embargo, por estas razones no todos viven en ahí. Algunos vivieron, viven y vivirán en aquellos lugares sobre el meridiano de la tristeza, unos grados al sur del “muere de frío”, sabiendo descifrar misterios, conquistar islas y mares. Sabiendo hacer arder el espíritu y la madera.
Fue así que se formó se formó un pequeño pueblo en un alto y remoto peñasco, donde nieva nueve veces al año y graniza los otros tres, donde corazones vikingos, guardan a los suyos, trabajando, recolectando, sobreviviendo. Aunque la vida sea así de dura, en el corazón de la pequeña aldea, hay un pequeño joven, considerado como el más frágil de la tribu. Su nombre era Haddock delgado, bajo y testarudo, era diferente, de ese tipo de personas que no escuchan, que al momento de pescar se pone a cazar trolls. Era considerado el peor de la aldea, ya que no era capaz de sostener un hacha y mantenerse de pie, por no tener porte de guerrero, por ser testarudo... por tener un corazón noble u cariñoso. Claro el frío de aquel peñasco, caló en el fondo de las personas, haciéndolas duras, ásperas, competitivas y refinadas.
El padre de el joven era el jefe de la aldea por ser el mejor cazador, pescador, talador y desde luego el mejor guerrero. Su madre era la mejor arquera de la aldea, aunque también era diestra con espadas en ambas manos. Sus dos hermanos mayores eran sin duda los más prometedores para suceder al trono de su padre. Era muy difícil saber quién de los dos ocuparía este puesto de jefe, ya que los dos eran demasiado buenos. Sus nombres eran Jorgënson y Girvir Jorgënson.
Serían los primeros en elegir para las conquistas de otros mares, perece que estos dos jóvenes habían nacido con una espada en la mano y un remo en la otra, eran guerreros y navegantes innatos, pero ese no fue el caso de Haddock, él era pequeño en todos los aspectos. Sin embargo, él sostenía un gran optimismo en cuanto a sí mismo, hacia bromas con sus compañeros en el taller de herrería referente a su tamaño y su casi inexistente musculatura. Trabajaba fundiendo el metal, cuidando el horno, afilando espadas y calentando el metal, ya que solo contaba con 15 inviernos y unas cuantas lunas para hacer uno más y así lograr entrar a los entrenamientos, para ingresar a las fuerzas del ejército que su padre dirigía.
Solo tenía unos pocos meses para tomar una apta preparación y demostrar que realmente era capaz de alimentar a todo un pueblo durante un invierno casi eterno, de poder hablar con la fluidez y potencia que tiene un jefe, además debía saber cómo defender a la aldea. Para ello pasaría por pruebas que demostrarían.
El deseo por entrar al entrenamiento de Haddock era tanto que, sacó el hacha que él mismo había fabricado durante su enseñanza en el taller de herrería de Murtlaff el colega de su padre. En su gran optimismo, trató de prepararse lo mejor posible para pasar las pruebas. Dentro de sí decía que tenía el deber de entrenar lo máximo y demostrar lo que los demás nunca imaginaron de él. Faltaban unas cuantas semanas para que el gran torneo comenzara, así que trató de prepararse lo mejor posible e impresionar a todos lo que se burlaron.
Lo primero en su lista de cosas por hacer era sostener un hacha de forma normal, ya que la que él ocupaba era la mitad de pesada y la mitad del tamaño que una normal, la verdad, parecía algo ridículo, pero si él lo lograba sería un cambio gigantesco en su persona. Pero para ser realistas era mucho trabajo para tan poco tiempo.
Después de muchos intentos para cargar el hacha y mantenerse en pie, trató de mejorar de su puntería con el primer arco de su madre, tomó veinte flechas y buscó un árbol lo bastante bueno para servir de diana y blanco para sus flechas. Se plantó a diez metros de distancias en un montículo de tierra, preparó la flecha, respiró... fijó su objetivo con la más firme de las decisiones y determinaciones le ordenó a su mano que soltara lo que tenía en su mano, pero... ¿Cuál mano? creo que no era lo imperativo en ese momento, solo soltó algo y ya. Solo que soltó el arco en vez de la flecha, así que la fuerza con la que la flecha tendría que haber sido disparada, fue la fuerza con la que el arco golpeó la cara del joven inexperto. El arco lo golpeo con tal enjundia que lo derribó al suelo. Tan poco había pasado para que solo hubieran pasado sesenta y cinco minutos desde que comenzó a entrenar. Levantó su rostro cubierto de nieve y con una nueva cicatriz en su rostro. “Será una larga osadía” se levantó y continuó practicando.
Era casi el ocaso de aquel día cuando decidido dejar de entrenar, levanto el hacha, el arco y las flechas, tomó la ruta más larga a su hogar ya que disfrutaba contemplar todas las luces que iluminaban los altos acantilados y al mar en el horizonte, también por ser un lugar que lo dejaba pensar con una relativa calma y serenidad y que solo ahí era capaz de tener. El joven era tan testarudo que incluso el conocía que aquella ruta era una de las más peligrosas, aunque nunca la había pasado nada, no perdía el cuidado de que algún día, no sería igual de sereno que como hasta ahora había sido el lugar, aun así, pasaba por este lugar. Pero lo que él no contemplaba era que ese mismo día podría convertirse en un verdadero infortunio.
El viento se detuvo y las ramas de los arboles dejaron de tirar nieve, parecía que el tiempo se había detenido y todo parecía muerto, sin embargo, él nunca se percató de la situación. La mirada de una fría bestia, observaba fijamente a su persona con el miedo frente a su corazón. Salto frente al joven, quien, por cierto, ni siquiera se había dado cuenta de que era lo que estaba pasando a su alrededor.
Cuando giro su cabeza, logro distinguir lo que estaba frente a él, era un lobo de color negro, cubierto de una gran cicatriz en su pata izquierda, con una boca abierta, pero sin dientes. Él había visto a otros lobos, pero ninguno con esa pose, lo último en lo que pensó fue que él lo quería lastimar, ya que nunca hizo un movimiento amenazante, después de unos silenciosos momentos, la bestia se desplomo delante del joven. Consternado, su mente lo confundió, miró fijamente al animal inmóvil. Sus heridas eran de una flecha que le había cruzado por un costado y que posiblemente, el solo se arrancó, no sabía qué hacer, sabía que podría ocupar esta oportunidad para poder darle un giro total a su vida, diciendo que, esta era una gran hazaña por parte de su astucia escondida en alguna parte de su ser, así, conseguiría la aprobación de su padre sin siquiera poner un pie en los entrenamientos.
El lobo, decaído, exhausto, débil y flagelado abrió lentamente sus ojos, mirando fijamente a Haddock, esas débiles miradas, compartieron segundos al encontrarse, Haddock analizó su mirada de forma tan minuciosa que al final logro, mirar un espejo, en el no solo observo la retina del lobo, contemplo al mismo muchacho con miedo de no ser alguien que los demás querían que fuera y terminar siendo lo que todos esperaban de esa clase de chicos. Así que en vez de llevar a cabo su primera idea, opto por ganarse la de la bestia y ayudarla a que si herida sanara.
Lo arrastro hasta un lago no muy lejano de donde se encontraban, lavo la herida y la tapo con su prende de vestir exterior, corrió en secreto de los aldeanos a su casa y tomo del lugar de su madre unos gusanos que más tarde pondría sobre la bestia para que comieran la carne muerta y la herida cicatrizara. Escondido en el bosque, el lobo paso varios días hasta que pudiera levantarse por si solo, durante ese tiempo, haddock lo alimento y cuido. El joven comenzó a tomar afecto y cariño al animal. La ley natural de perdonar la vida, si tú, perdonas la mía.
Cuando el lobo pudo valerse por sí solo, no quería mirar al bosque, solo seguir los pasos de Haddock, le había ayudado y no habría una mejor manera de corresponder a tal muestra de compasión. Pasaron las semanas, la compañía de los dos, comenzó a crear una amistad, una amistad prohibida, justo lo que ambos necesitaban, sin querer lo habían encontrado. Las tardes enteras eran parte del pasado cada vez que una nueva comenzaba, todas y cada una de ellas, los dos amigos las pasaban juntos, Haddock pensó en la idea de ponerle un nombre a su nuevo mejor amigo,"! Sombra ¡” exclamó, pero el lobo ni siquiera mostro algún gesto de agrado, más bien de desagrado. Así que de la nada salto a su mente el nombre de “patch”, el agrado sucumbió en los rostros de los dos. Patch y Haddock, Haddock y Patch.
Pasaron los días, semanas, meses. El día de las pruebas habían comenzado, los mejores participantes asistieron, hasta Haddock quien no había tenido tiempo de prepararse, por pura casualidad pasó las pruebas con la gracia de un colibrí, en la última prueba debían correr una larga travesía atreves del bosque, el primero que llegara, ganaría el entrenamiento como el más ilustre de la academia. Todos se prepararon, y comenzaron la carrera, todos tomaron caminos distintos, uno de ellos corrió frente a una cueva desconocida donde habitaba Magnus, un fiero oso pardo de gran tamaño que formaba parte de una leyenda vikinga de hace muchos años, famoso por ser sanguinario, su olfato se encendió al igual que su apetito.
Los corredores ya casi habían llegado, pero Haddock consiguió ser el primero de llegar. Poco a poco comenzaron a llegar los demás competidores, pero solo faltaba uno, paso un largo tiempo hasta que se le pudo observar a través de la espesa niebla que siempre cubría el lugar, pero algo más grande parecía estar detrás de él, Magnus hizo una épica entrada, asombrando a todos, Haddock se había quedado en la parte trasera del gran coloso. Todos miraban con terror, odio y asombro al majestuoso animal, todos con una espada, una lanza o un arco en la mano. El escenario se llenó de un frio silencio que hacía cada vez más grande el miedo. Haddock trato de escabullirse por detrás u correr a un lugar seguro, pero hablando de un chico como él y como era típico en él, que el infortunio hiciera un ruido lo bastante llamativo como para atraer la atención de Magnus. “por favor” pronuncio Haddock antes de comenzar a correr.
Magnus prosiguió a esta persecución, corriendo y alcanzando casi por completo a Haddock. Por su parte Haddock trataba de escabullirse por donde podía, por árboles, rocas y demás hasta quedar atrapado en una esquina, la bestia tomo este momento con tal paciencia que provoco que los nervios de Haddock se hicieran polvo, la boca del temible animal se abrió para lanzar la mordida, pero un hacha interrumpió el acto, el padre del muchacho apareció atrayendo la mirada del gran oso, iniciando una confrontación que solo en cuentos había sabido, pero el oso al ser mayor en fuerza y tamaño, logro doblar al hombre. Volviendo la mirada a Haddock, corrió directo a él, como si fuera su propio final, entonces, Patch salto de en medio de los arboles desviando la mordida del oso, enfadando más al coloso, otra batalla se libró frente a Haddock, pero esta vez decidido hacer algo. Así que tomo un látigo y lo ato a una gran piedra que estaba justo a la orilla del acantilado, solo debía conseguir sujetar de alguna parte al oso. Con mucho cuidado logró atarlo a su pata derecha posterior. Ahora necesitaba que la gran roca cayera, pero era demasiado pasada para él, su padre estaba herido y no era capaz de ayudarle, así que arriesgándolo todo, atrajo a Magnus a él, el animal lleno de rabia y enojo, corrió de manera desesperada al joven, lanzándose por completo sobre él.
Al momento de tener a menos de dos metros al oso, se retiró de donde estaba haciendo que el mismo derivara la piedra y cayera al vacío, pero sin darse cuenta, el látigo, tomo la pierna de Haddock. Su padre traro de sujetarlo, pero su intento fue inútil, justo al borde del precipicio, Patch hizo que se pudiera sujetar de él, Haddock vio esta oportunidad y se sujetó fuertemente de su amigo. Gracias a esta obra, pudo seguir respirando. Magnus desapareció para siempre y la aldea se conmovió por el gran acto de cariño que al lobo había mostrado.
Por primera vez en mucho tiempo, un lobo estuvo en la aldea y un joven vikingo sobre él.
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